Reseña “La otra orilla”

Reseña “La otra orilla”

Hay libros que te sorprenden desde un primer momento. Cuando cogí esta obra por primera vez y fui a leer su sinopsis, me sorprendí gratamente, pues en la contraportada no había nada. Lo que me fuese a encontrar dentro sería una sorpresa y seguramente esa es la sensación que quería buscar el autor. En esta reseña de La otra orilla mostraré todos los sentimientos que ha generado en mí.

Daniel Larrañaga es un hombre nacido en 1971. En su biografía quiere mostrar que durante toda su vida ha estado alejado del mundo de la poesía, «de expresar lo profundo que habita en mí». Sin embargo, en la actualidad esta ha cogido fuera y forma, y quiere mostrar con sus escritos todo aquello que le mueve por dentro. Esta es la primera obra que publica con Círculo Rojo, algo menos de 300 páginas con más de 100 poemas, donde leeremos, sobre todo, sus reflexiones sobre diversos temas.

El género poético, en mi opinión, cae muchas veces en las divagaciones superfluas sobre temas que interesan al autor. Hay veces que no encuentro un fondo con suficiente contenido como para ser universal, que impacte en sus lectores. Sin embargo, en este caso me he topado con un poemario totalmente diferente.

Además, entiendo que el orden que el autor ha escogido no es al azar. En primer lugar, encontramos «Raíces», un poema que habla, precisamente, sobre los sentimientos y emociones que tiene guardados en la memoria. En segundo lugar, «Padre», donde nos abre su corazón y cuenta qué es su padre para él. Y, algunos poemas después, nos encontramos con «Mi camino (cuando tenía 16)». Aunque sí es cierto que muchos de estos poemas nos ayudan a conocer la voz de quien está escribiendo, creo que funcionan perfectamente como poemas cerrados. Tengo mucho que destacar de esta obra.

Me gusta que el autor no encierre sus sentimientos bajo metáforas y recursos que son complicados de descifrar. Disfruto mucho de un poema valiente, porque no hay mayor lucha que la que uno hace consigo mismo. He valorado, muchísimo —no sabéis cuánto—, que sea una poesía adulta, con versos pensados, bien construidos, donde el significado no excluye a la forma.

He marcado infinidad de versos que me han despertado una parte escondida en mi interior. Os remarco algunos: «Soy yo mi dolor», «Y no me siento yo / se me está olvidando ser yo» (ambos pertenecen a «Tengo buena memoria», uno de mis favoritos); «Ya no hay alegría, / mi tiempo se aburre de mí» (este es «Fue en Venecia», una maravilla). Podría remarcar muchas más, pero tampoco quiero aburriros.

De verdad, Daniel Larrañaga me ha impresionado bastante, creo que tiene una voz muy particular, sin tener especialmente nada que le diferencia; y, seguramente, este sea un valor mucho más potente: sorprender con la cotidianidad es algo que todo autor querría tener. Quiero leer más de ti, Daniel, mucho más.

Consigue su primera obra en este enlace.

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